La biometría se ha estandarizado como el sistema de seguridad por excelencia. Un método evolucionado hacia la infalibilidad, en un contexto en el que la inmunidad del usuario se encuentra en constante amenaza. La huella dactilar, el reconocimiento facial y el de iris, se han democratizado con su incursión en el sector de la banca electrónica y la telefonía móvil. Una expansión de la que pretenden aprovecharse otros sectores más orientados a la comercialización de productos y servicios.

La personalización de ofertas adecuadas a cada usuario, es el culmen al que pretende llegar cualquier tipo de comerciante. Ofrecer a cada cliente el producto que está buscando, de acuerdo a sus intereses y experiencias pasadas. Hoy por hoy el concepto ya no está solamente en el ideario de algunos visionarios.

BurguerFi y Lolli & Pops son dos franquicias estadounidenses, que han adoptado la biometría para brindar a sus usuarios un servicio premium orientado a su fidelización. A través del reconocimiento facial, ambas marcas ofrecen la posibilidad de guardar las preferencias alimenticias de sus clientes y conocer cuales son sus productos e ingredientes favoritos, o incluso a los que son intolerantes o alérgicos.

¿Imaginan un establecimiento repleto de pantallas, que a través de una cámara reconozcan el rostro de un cliente recurrente, para así ofrecerle ofertas de productos asociados a sus experiencias de compras? 7-Eleven es lo más parecido al concepto de tienda inteligente que percibían los comerciantes más idealistas. En uno de sus franquiciados en Taiwan, los clientes pueden llevar a cabo cualquier tipo de operación a través de un software de reconocimiento facial instalado íntegramente en todo el local.

Son sistemas que rozan los límites de privacidad de estos usuarios. Las bases de datos “anónimas” que van a adquirir los propietarios de estos establecimientos, pueden acabar por convertirse en auténticas armas para crear estrategias de marketing cada vez más agresivas. Una tecnología que nació con el propósito de asegurar la intimidad de los usuarios, y que puede acabar por convertirse en un sistema que acabe por arrebatársela.

 

Abel González

Departamento de Marketing