Cada tecnología ataca a un nicho de mercado concreto a través de estrategias de marketing muy enfocadas a objetivos. Estas tecnologías disrumpen con fuerza para forzar un cambio de comportamiento que puede marcar el futuro de toda una generación. Si los ordenadores, Internet y los dispositivos móviles marcaron el desarrollo de la Generación Z (1994-2009); la democratización de las tabletas en nuestros hogares, está marcando el de la nueva Generación T (2010-)

La generación Touch, aunque todavía infantes, ya son considerados consumidores masivos de tecnología. Es un colectivo que ha nacido sin un referente analógico, por lo que no conciben su rutina diaria sin un aparato tecnológico entre sus manos. La hiperconectividad y la instantaneidad son propiedades naturales para ellos. Una comunidad que hoy por hoy constituye el 15% de la población mundial.

El rumbo que tomará esta generación es todavía una incógnita. En la actualidad, este colectivo se encuentra en pleno desarrollo educativo. Aprenden, juegan y se forman en una burbuja tecnológica. Sin embargo su experiencia en el aula continua siendo prácticamente analógica. Como ejemplo, el hecho que hacer ejercicios en un tableta sea el cambio más disruptivo que hayan vivido hasta el momento.

Integrar tecnologías del aprendizaje y del conocimiento en el aula, no consiste en digitalizar prácticas analógicas del pasado. El sistema educativo resulta arcaico y obsoleto para esta nueva generación. Un colectivo, enfocado por sus características, hacia al aprendizaje colaborativo en red. Las tecnologías existen, funcionan y están implantadas en nuestros hogares, pero no en nuestras aulas. ¿Qué está fallando en esta ecuación?

Tal vez la estrategia de marketing que se llevó a cabo en su momento. Esta estrategia estuvo orientada hacia colectivos particulares. Los hogares del mundo se llenaron de tabletas con las que los nuevos integrantes de la Generación T iban creciendo. El éxito fue rotundo, pero los responsables de esta estrategia no concibieron el darle continuidad. Primero por no entender que el segundo lugar donde esta generación pasaba más horas del día (a parte de su hogar) era el aula; segundo por no percibir las limitaciones que ya se advertían del actual sistema educativo.

Se abre ante nosotros la oportunidad de lograr la transformación digital de un sistema con grandes déficits estructurales. Una ordenanza arraigada a las prácticas clásicas, con vértigo hacia la renovación y la innovación. Esta transformación digital debe conducir hacia un nuevo modelo educativo que cambie el funcionamiento en las aulas, desde sus metodologías hasta sus acciones. Sin esta transformación, nos encontramos actualmente con una Generación T obligada a adaptar sus prácticas digitales en un entorno analógico como el aula. Al contrario que la Generación Z, que en su momento tuvo que digitalizar sus prácticas analógicas en un proceso evolutivo enfocado hacia el futuro.

Abel González

Departamento de Marketing